¿Qué pasa por la mente de una persona que decide suicidarse? ¿Todos los intentos de suicidio terminan en suicidio?, ¿de qué depende?, estas y otras interrogantes intentaremos responder en este artículo.

Desde el 2003, los días 10 de setiembre se conmemora el Día mundial para la prevención del Suicidio. Y es importante recordar que en el mundo se suicidan cerca de un millón de personas al año. Lo que nos pone a pensar las causas de esta situación. El mayor porcentaje se relaciona con un desbalance bioquímico, es decir, la epigenética que trata de la interacción entre la genética y el medio ambiente. Y el otro porcentaje se debe a los pensamientos y a las conductas impulsivas.

Según las investigaciones, la mayor parte de los intentos suicidas o suicidios ocurren como consecuencia de la depresión, enfermedad que genera mucho dolor y sufrimiento y, que la idea de suicidio aparece como alternativa para acabar con ese dolor y sufrimiento, y por ello, muchas personas encuentran una salida en estas conductas. Sin embargo, otras alteraciones del pensamiento también generan este tipo de conductas, tales como el trastorno bipolar, trastorno limítrofe de personalidad, trastorno de estrés postraumático. Adicionalmente, las personas que consumen alcohol y drogas también tienen predisposición a generar este tipo de ideas y conductas.

Por lo tanto, si alguna vez pensaste en suicidarte, sea por cualquiera de los motivos descritos anteriormente, te invitamos a pensar en algunas ideas. Empieza por preguntarte: ¿A qué edad fui feliz?, cuando tengas la respuesta que sea, continúa preguntándote: ¿Qué hacía en esa época?, ¿Quiénes me rodeaban?, ¿Con quiénes interactuaba?, ¿Qué me decían?, ¿Cómo imaginaba mi futuro?, por decir algunas.

La mayoría de personas, recordarán que fueron felices hasta determinada edad, muy cercana a la actual probablemente. Por lo que la clave es entender qué era lo que pensábamos acerca de nosotros mismos, de los demás y del futuro en ese momento, y cuál es la diferencia con lo que pensamos ahora. Las respuestas en su mayoría, tienen que ver con las exigencias que tenemos en la actualidad y el optimismo con el que mirábamos la vida antes. Por lo tanto, estas ideas pueden ser examinadas y vistas desde otro ángulo, hasta que se pueda continuar con la vida con menos dolor y sufrimiento, e incluso se pueda llegar a no tenerlo.

Solo algunas personas recordaran que, desde la época escolar, es decir, desde la niñez, ya tenían una sensación de tristeza constante y/o vacío que no les permitía disfrutar de la vida. En este caso, lo más probable es que hayan venido al mundo con un desbalance bioquímico que generaba cierta tendencia para pensar negativamente, sin deseos, ni ganas de hacer muchas cosas. Por lo que aquí interesa visitar un médico y comenzar un trabajo psicoterapéutico para aprender nuevas formas de mirar el mundo, a nosotros y sobre el futuro.

Por lo que hay que notar que la mayoría de personas que se sienten tristes, han tenido alguna experiencia en la que vivieron situaciones muy difíciles, tipo abuso sexual o físico, orfandad, violencia en la familia, etc. Y a partir de ese momento, comenzaron a pensar algo así como: “no quiero vivir” o “preferiría morir”. Ahí es donde se vuelve muy importante diferenciar entre “no quiero vivir” y “no quiero sufrir”. Todos preferimos disfrutar de la vida sin sufrimiento, pero clarifiquemos algo ¿a qué le llamamos sufrimiento?, a una intensidad emocional, en una escala del 0 al 10, siendo cero la inexistencia de tal. Por lo que podríamos decir que el sufrimiento estaría asociado a experimentar durante muchos meses una intensidad emocional que oscila entre 7 y 10 de la escala.

            En todo caso, es clave incidir sobre las ideas respecto a las dificultades vividas, las experiencias pasadas y en las ideas respecto a nosotros mismos y el futuro que imaginamos.  Por lo que te invitamos a que te preguntes “¿Qué es lo que si he podido cambiar de mí, de mis pensamientos?”, “¿de qué manera me ayuda seguir pensando así?”. El sufrimiento se puede reducir y puede desaparecer, al igual que las ideas de muerte.

Ma. Cecilia Solano & Adela Jara

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